QUÉ ES EL TESTAMENTO VITAL (O VOLUNTADES ANTICIPADAS)



Se le conoce con diferentes nombres (“instrucciones previas” en Madrid, Castilla-León, Murcia y Galicia; “testamento vital o voluntades anticipadas” en Cataluña, Aragón, Valencia, Baleares, País Vasco, Navarra y Castilla la Mancha; “voluntad anticipada” en La Rioja; “voluntades previas” en Cantabria; “manifestaciones anticipadas de voluntad” en Islas Canarias, “expresión anticipada de voluntades” en Extremadura y “voluntad vital anticipada” en Andalucía)  pero básicamente es  lo mismo, si bien cada comunidad autónoma tiene su propia regulación en la materia.

El artículo 11 de la Ley 41/2002 de 14 de noviembre, reguladora de la autonomía del paciente y los derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, define estas “instrucciones previas” como:  “el documento por el que una persona mayor de edad, capaz y libre, manifiesta anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarlos personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo. El otorgante del documento puede designar, además, un representante para que, llegado el caso, sirva como interlocutor suyo con el médico o el equipo sanitario para procurar el cumplimiento de las instrucciones previas».

 

El servicio de salud de cada comunidad autónoma es quien se encarga de establecer los procedimientos adecuados para el efectivo cumplimiento de la voluntad de ese paciente.

 

Existe un Registro Nacional de Instrucciones Previas dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo y regulado por el Real Decreto 124/2007 de 2 de febrero, en el que se recogen la totalidad de voluntades anticipadas otorgadas en todo el territorio nacional, con la finalidad de que cualquier médico desde cualquier lugar pueda consultarlo en caso de necesidad.  Se puede inscribir en cualquier momento (no hay plazo fijado expresamente) y por el momento, no se paga tasa alguna por dicha inscripción.

En grandes líneas, hay que destacar que:

I.-Es un documento unilateral (no precisa aceptación), personalísimo (sólo puede hacerse por el propio interesado), formal (para su validez requiere ciertos requisitos y solemnidades: siempre deberá plasmarse por escrito, ante notario o ante tres testigos), inter-vivos (despliega sus efectos en vida del otorgante o paciente) y revocable (se podrán revocar en cualquier momento por el propio paciente, siempre y cuando esté en pleno uso de facultades mentales y necesariamente por escrito).

II.- No se aplicarán voluntades anticipadas que:

-Sean contrarias al ordenamiento jurídico (por ejemplo, solicitar que se aplique la llamada “Eutanasia activa directa” que actualmente está prohibida por ley. Así, no se puede aplicar una voluntad que diga que en caso de entrar en estado de coma irreversible se administre una dosis de medicación mortal, puesto que ello está tipificado y castigado como delito en el artículo 143 del Código penal español)

 

-Sean contrarias a la “lex artis” (o conjunto de prácticas médicas aceptadas generalmente como adecuadas. Así, sería contrario a la lex artis o buena práctica médica el solicitar en las voluntades que se realice una intervención quirúrgica con una técnica concreta que no es la adecuada para ese caso por entrañar mayores riesgos).

-No se correspondan con el supuesto de hecho que el interesado haya previsto en el momento de manifestarlas.

-Respecto al contenido, se puede dejar dispuesto:

 

→ Qué tipo de tratamientos médicos, quirúrgicos, técnicos y/o farmacológicos se aceptan o no se aceptan. Así, se puede disponer que ante la imposibilidad de curación con las técnicas médicas existentes en el momento, no se mantenga artificialmente a la persona con vida mediante tratamientos extraordinarios o desproporcionados que no hagan sino alargar el excesivo sufrimiento del propio  paciente y de sus allegados. O que se le realicen cuantos tratamientos y se le administre cuanta medicación sea necesaria para evitar el dolor y sufrimiento físico o psíquico causado por una enfermedad incurable, aunque ello suponga un acortamiento de la esperanza de vida.

→ Si se desea o no se desea ser donante de órganos

→ Si se quiere ser incinerado o sepultado, aspectos relativos al sepelio, etc… Se recomienda tratar estos aspectos en las voluntades anticipadas y no en el testamento, pues lo más frecuente es que el funeral ya se haya celebrado cuando se conozca el contenido del testamento.

→ La designación del llamado  “representante sanitario”, entendido como aquel familiar o amigo que actuará  como interlocutor con el equipo sanitario para procurar el cumplimiento de las instrucciones previas del paciente.

 

  1. Pueden formalizarse en documento público ( ante Notario, en cuyo caso será éste quien se encargue de su inscripción en el Registro Central de Instrucciones Previas) o en documento privado (ante tres testigos, dos de los cuales no deben tener relación de parentesco hasta el segundo grado ni estar vinculados por relación patrimonial con el otorgante. En este caso, el propio otorgante deberá encargarse de entregarlo en su centro sanitario para que se incluya en su historia clínica compartida y se envíe al Registro Central para su oportuna inscripción.)
  2. Una vez redactado el documento, debe informarse de su existencia a todas las personas interesadas (familiares y amigos) y a todos aquellas personas que están obligadas a respetarlo (equipo médico). Es un documento de obligado cumplimiento para el profesional sanitario, por lo que si ello le crea un conflicto moral o ético, no hay inconveniente en que haciendo constar su objeción de conciencia, se busque otro profesional que continúe con el tratamiento del paciente con total respeto del documento de voluntades anticipadas o testamento vital.

 

 

En resumen, a falta todavía de pulir ciertos aspectos, se podría decir que el documento de voluntades anticipadas o testamento vital constituye un efectivo medio para que el paciente pueda participar activamente y decidir (dentro de los límites que se han explicado) en todo lo que afecte a su proceso de enfermedad y bienestar, y para acercar al profesional sanitario a los sentimientos y filosofía de vida de su paciente, facilitando en numerosas ocasiones la toma de decisiones tanto por parte del equipo médico como de la familia que en esos duros y difíciles momentos se halla especialmente vulnerable emocionalmente hablando.

Patricia Díaz Gil.
Abogada colaborador del Grupo Catalana Occidente