La fianza en un contrato de arrendamiento

Una mano ofrece dinero en metálico con una casita de madera encima de los billetes

La fianza en un contrato de arrendamiento, bien sea de vivienda o de uso distinto al de vivienda viene regulada en el artículo 36 de la Ley de Arrendamientos Urbanos (Ley 29/1994, de 24 de noviembre, de Arrendamientos Urbanos). Debe abonarse en metálico y es de carácter obligatorio. Su finalidad es la de garantizar los daños que haya podido causar el inquilino durante el tiempo de vigencia del contrato de arrendamiento. ¡Sigue leyendo para saber más sobre ella!

¿Qué importe se abona en la fianza?

La fianza en los contratos de alquiler debe consistir en una mensualidad de renta en el arrendamiento de viviendas, y de dos mensualidades en el arrendamiento para uso distinto del de vivienda.

Cabe la posibilidad de actualizar el importe de la fianza transcurridos tres años desde la formalización del contrato, tanto en más o en menos según proceda la actualización de la renta.

¿Qué hace el propietario con la fianza?

El arrendador está obligado a depositar la fianza en el organismo competente que la Comunidad Autónoma donde se localice el inmueble objeto de arrendamiento tenga establecido. De no hacerlo, se enfrenta a sanciones que pueden variar dependiendo de cada comunidad Autónoma sino se hace o deposita en el plazo legalmente establecido.

El importe de la  fianza en metálico debe ser restituido al arrendatario al final del arriendo, transcurrido un mes desde la entrega de las llaves o de la posesión por el arrendatario a la propiedad, devengándose transcurrido dicho plazo el interés legal.

Las partes podrán pactar cualquier tipo de garantía del cumplimiento por el arrendatario de sus obligaciones arrendaticias adicional a la fianza en metálico.

¿En qué casos el propietario puede quedarse con la fianza?

Llegado el fin del contrato de arrendamiento, la propiedad o arrendador viene obligado a la devolución de la fianza, salvo que en la finca tras la entrega de la posesión existan daños por un uso inapropiado o inadecuado del arrendatario, o suministros pendientes de abonar. En este caso, pueden compensarse los mismos con el importe de la fianza, justificando debidamente al arrendatario el alcance y valor de los mismos.

Si existen daños, tras el examen de la vivienda es conveniente reseñar en la firma de entrega de la posesión de la finca la existencia de los mismos, sin perjuicio de que estos se valoren con posterioridad.

En caso de que los desperfectos o los consumos impagados sean superiores al importe depositado en concepto de fianza, el importe de los mismos descontado la fianza podrán ser reclamados primero extrajudicialmente y después judicialmente para el caso de que la primera vía no prospere.

Moisés Bejarano González
Abogado