EL LUCRO CESANTE



Por regla general estamos acostumbrados a identificar e individualizar los daños directos que se generan cuando acontece un siniestro. Por ejemplo, cuando se produce un accidente de circulación los vehículos partícipes tienen daños (daños materiales), si los daños son cuantiosos pueden comportar la pérdida del vehículo, los ocupantes de estos vehículos, muy probablemente, sufran lesiones (daños corporales) y en casos graves podemos hablar incluso de la perdida de la vida. A este tipo de perjuicios que derivan directamente de la producción de un hecho dañoso se les conoce como “daño emergente”.

Existe otro tipo de perjuicios, que no derivan directamente de la producción de un hecho dañoso, y que pueden y deben ser tenidos en consideración para conseguir que el perjudicado por el siniestro sea restituido íntegramente. Nos estamos refiriendo al “lucro cesante”.

El artículo 1.106 del Código Civil establece que «(…) la indemnización de daños y perjuicios comprende no sólo el valor de la pérdida sufrida (daño emergente), sino también el de la ganancia que haya dejado de obtener el acreedor (lucro cesante)”.

Imaginemos, volviendo al ejemplo inicial del accidente de circulación, que uno de los vehículos que interviene es un auto taxi. Durante el periodo de tiempo que el vehículo haya de permanecer en el taller para ser reparado no se le va poder extraer el rendimiento económico para el que está destinado. Esa pérdida de beneficios por paralización es un buen ejemplo de lo que constituye el lucro cesante, que tiene una clarísima y exclusiva significación económica.

Continuando con nuestro ejemplo ¿Qué puede reclamar nuestro taxista? Como ya he indicado anteriormente la indemnización por lucro cesante trata de obtener la reparación de la pérdida de ganancias dejadas de percibir, y ganancias no es un concepto equivalente con el de ingresos. Ganancia es el rendimiento neto que se percibe de una actividad comercial o industrial, es decir, se han de descontar los gastos. Porque en el ejemplo analizado, cuando nuestro taxista cobra una carrera, parte del precio sirve para pagar el combustible. Por lo tanto dicho ingreso no es todo beneficio neto.

Consecuentemente la indemnización por lucro cesante solo comprenderá los beneficios ciertos, concretos y acreditados que el perjudicado debía haber percibido y no ha sido así. No se contemplaran hipotéticos beneficios o imaginarios sueños de fortuna.

Dada la “intangibilidad” del lucro cesante resulta vital para que su reclamación prospere que tenga una sólida base probatoria. La indemnización por lucro cesante ha de ser rigurosamente probada tanto en su cuantificación, como en su origen (nexo causal), teniendo que asumir la carga de tal prueba aquella parte que reclama la indemnización.

CARLOS GRACIAN FAJARNES