EL DERECHO DE DESISTIMIENTO EN LAS VENTAS A DISTANCIA



 

El tradicional sistema de compra de bienes ha variado sensiblemente en los últimos tiempos como consecuencia de las nuevas tecnologías y la modificación de hábitos sociales en pro de una tendencia hacia la comodidad, lo que conlleva que cada vez sea más frecuente aquel tipo de ventas en las cuales no se cuenta con la presencia física del consumidor. Así pues, nos encontramos con gran cantidad de comercios que ofertan productos y operan por Internet, con multitud de ofertas en canales televisivos que envían el producto a casa del cliente, anuncios en prensa para ventas contrareembolso, etcétera…

Como quiera que ello supone una situación de evidente desequilibrio para las partes contratantes, ya que el consumidor carece de la posibilidad de examinar el producto y confía en las expectativas que deposita en el mismo, es lógico que nuestra actual normativa prevea un derecho de desistimiento sobre el contrato celebrado a distancia, derecho del cual el vendedor deberá informar obligatoriamente y que supone la posibilidad de devolver el producto sin penalización alguna en el plazo de siete días hábiles (según calendario del lugar de residencia del comprador), debiendo efectuarse por cualquier medio que permita dejar constancia de su voluntad, pero sin sujeción a formalidad alguna. Para poder ejercer este derecho además, no es necesario dar ninguna explicación ni basarse en ninguna causa -”me lo he pensado bien y no quiero el producto…”-.

Las excepciones a este derecho son aquellos bienes sujetos a fluctuaciones del mercado financiero que el vendedor no puede controlar (por ejemplo, el oro), bienes personalizados para el comprador (por ejemplo, una camisa por iniciales bordadas), o aquellos que por su naturaleza no pueden ser devueltos, como los productos fungibles sujetos a caducidad.

En todo caso sí que son repercutibles al comprador los gastos directos de devolución, esto es, el envío del producto, salvo que el vendedor no hubiese informado del derecho de desistimiento, en cuyo caso, además de no poder cobrarse los referidos gastos, el plazo de devolución se amplía por imperativo legal hasta los tres meses desde el momento de la recepción.

ALEJANDRO MARTINEZ VIVANCOS