DOBLE NACIONALIDAD



Existen diversas vías para adquirir la nacionalidad española, a todos aquellos extranjeros que bien por residencia bien por parentesco tengan derecho a solicitarla, al margen de supuestos más excepcionales.

Que un extranjero adquiera la nacionalidad española implica, en muchos casos, la renuncia o pérdida de la propia (dependiendo de la legislación del país de origen); a excepción de aquellos países con los que España tenga suscrito un convenio de doble nacionalidad, entre éstos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal o los países Iberoamericanos. Obtener la doble nacionalidad supone que una persona goce, al mismo tiempo, de la plena condición jurídica en ambos Estados.

En los supuestos en los que el extranjero se ve obligado a tener que renunciar a su propia nacionalidad para adquirir la española, se equivoca si pretende seguir utilizando la nacionalidad anterior, ya que a pesar de ser una picaresca estilada, puede suponer una falsedad, ocultación o fraude, que por sanción le lleve a la pérdida de la nacionalidad española (que seguramente tanto le haya costa obtener), y ello sin perjuicio de la sanción que su propio país pueda prever para ello.

Por otro lado, los españoles que residan en el extranjero y que adquieran voluntariamente una nacionalidad extranjera, desde la reforma del Código Civil introducida por la Ley 36/2002, de 8 de octubre, pueden evitar la pérdida de la nacionalidad española, siempre y cuando, en el plazo de 3 años desde la adquisición de la nacionalidad extranjera, manifiesten ante un Registro Consular su voluntad de conservarla.

En definitiva, antes de iniciar un procedimiento de solicitud de cualquier nacionalidad, es importante barajar las legislaciones tanto del propio país, como del que se pretende adquirir la nueva nacionalidad, a fin de no incurrir en supuestos de incompatibilidad o de llegar a ser un extranjero en el propio país, y más teniendo en cuenta lo farragoso y largo que es un proceso de este tipo.

María Ferré